jueves, 19 de julio de 2012


A esa Mujer:

Ayer me di cuenta de que te hago daño cuando te digo, con bastante frecuencia, algo contra o comparándote con esa persona que tu quieres (lógicamente).
Espero que cuando tengamos otra trifulca (porque la tendremos, si no pensamos), pensemos antes lo que se va a decir y como se dice, porque eso es lo que nos va a molestar, a uno u otra.
El respeto, en un matrimonio, es fundamental e importantísimo cuidarlo por ambas partes. Y últimamente chocamos con bastante frecuencia. Esto hace mella en nosotros y en nuestros hijos dando lugar a que se vayan alejando -¡ojalá! fuera de casa- cada vez más de nosotros, perdiéndonos el respeto y obligándonos a imponernos por las malas y con gritos, creándose el embrión del “partidismo” o partidarios de mamá” (lógico).
Espero que, en lo sucesivo, pensemos con más tranquilidad (contando hasta diez o hasta veinte, si hiciera falta), antes de incordiar insistentemente y/o reaccionar violentamente, verbal o físicamente. Cada uno es como es y no como el otro quiere que sea. Somos independientes en acuerdo o desacuerdo, unidos por el cariño primero y luego por el matrimonio (sacramento), ante la gente. Unión de dos personas, en una figura civil (el matrimonio), ante la ley. Con dejación o el consentimiento, o no, de la mitad de tus derechos y obligaciones que compartimos ambas parte (lo tuyo de la otra y al revés.)
El respeto hacia mi propia madre, me ha hecho recapacitar y ver que mis hijos tienen a su madre en tu persona, y esa eres tu, mi esposa.
Aunque el amor de juventud, con el paso de los años, poco a poco se ha ido convirtiendo en cariño, y de éste al odio hay una linea muy delgada. La linea roja, que si se rebasa, es cuando se agrede de forma verbal o mediante la fuerza bruta.
Es difícil, muy difícil decirte a la cara lo que estoy escribiendo, lo se, pero pensando en "aquel futuro" que deseábamos pasar juntos..., hasta que uno de los dos se vaya para siempre, como muchas veces comentamos cuando paseábamos cogidos de la mano, mucho antes de casarnos. Pero tengo la obligación de decírtelo, aunque sea de ésta forma, por vergüenza y temor a tu incomprensión o rechazo... y sobre todo para que no se olvide o se esfume como el humo, tras una charla cariñosa e íntima, de esas que aun nos gusta, de vez en cuando tener entre los dos con "velas, unos cigarros y un cubata”... Si nos aguantamos y nos respetamos mutuamente, podremos vivir mejor, más tranquilos y disfrutar de lo que somos, lo que tenemos, de lo que hemos conseguido con nuestro esfuerzo e interés. Quiero seguir viendo, como antes lo hacíamos, a esas dos personas (nosotros) con muchos años, juntos, queriéndonos todavía por encima de todo y mirando al pasado recordando los buenos ratos que disfrutamos y pasamos juntos. También los malos, porque éstos son, en parte, los responsables de los reproches de hoy, pero que, afortunadamente, queriendo debemos olvidarlos y lo olvidaremos.

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